21 de marzo, 2015.
Me he preguntado mucho. Me he preguntado por ejemplo si existe una esencia o si somos acciones.
Me he preguntado si seré triunfar una revolución, si serán libres los pueblos un día.
Me he preguntado por los colectivos, por los viajes, por los hijos.
Me he preguntado a dónde sembraré la ternura de mis abuelos cuando ya
no estén y si ese dios que maté en la infancia no será que en realidad
vivió siempre en la Familia que ellos nos hicieron.
Me he preguntado por la gente que no me
ha querido, me he preguntado si yo era un hijo o un aborto, si yo era
amada o sólo amante, si me equivoqué cuando elegí a priori los Amores de
mi vida.
Me pregunté por la angustia, una que aparece que es como una gotera que va desde la garganta hasta la boca del estómago.
Me he preguntado cómo vive la gente ciega, si será todo negro o todo
blanco, si al final un rostro puede o no puede construirse con las
manos.
¿Será esto nomás la vida? ¿Los otros también sienten estar esperando un gran momento? ¿La gente rica también se deprime?
Me he preguntado varias veces sobre la política: ¿Estaremos errando?
¿Tendremos al menos un acierto que nos deje dormir tranquilos a la noche?
Me he preguntado si sirve de algo preguntarse tanto y si no será
mejor vivir el des/amor como un partido de fútbol, saber que de la B se
va y se vuelve, que uno no siempre jugó en primera, que el arquero está
loco como un fanático, que la barra brava se puede ir a los fierros, que
la hinchada no se va a quedar callada y que hay que jugar hasta el
minuto 90 aunque te anulen un gol que no estaba adelantado.
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