"El blog, hasta que se llenó de pelotudos sin dios, era la apuesta peronista."

Carlos Godoy, "Escolástica Peronista Ilustrada"

domingo, 12 de abril de 2015

Estado y Soberanía.


15 de julio, 2014.
¿Cómo puede ser que así sin más, me asalte en el escritorio esa sensación en las costillas? Puedo casi sentir tus piernas abajo mío, los dos en la cama viendo una película.
No me asusto, no tengo miedo, no necesito olvidarte porque en nada me lastiman estos recuerdos inofensivos.
Pero sí me deportan de nuevo a ese lugar prohibido y sagrado, ese que era nuestro sólo; perfumado por el microclima de tu boca, que siempre era cigarros y ocho hora de trabajo y un gusto después lejano que no era mío, que era sólo tuyo y no lo querías pero estaba ahí en tu boca, ese gusto a remedio, ese gusto a sin-remedio.
Eso que eras, ese sabor y ese perfume y las ocho horas, nadie lo entendía, yo tampoco. Porque se requeriría de una sapiencia inocua, ajena, neutral para entender, para aprehender la ternura y la dulzura y el tormento que convivían en vos, que convivían con vos; para entender que después de todo la alegría te era algo casi natural, inelegible; y la tristeza era una parte tuya, como la nariz o los ojos chinos, pero no por eso era el todo -no es la nariz de alguien su integridad- y convivían en un solo cuerpo sin grandes exabruptos.
Nadie entendía, ni yo tampoco, porqué pusiste una foto de una mina que nunca fue tuya en tu pieza, al lado de la cama; porqué sin más te reconociste su ciudadano, hiciste una patria, la hiciste tu soberana, le entregaste el vasto terreno de tu cama, de la ropa en el piso y colgada de la ventana, de los dibujos, de las mascotas y los ceniceros siempre humeantes. Por qué le entregaste el ejercicio monopólico de la violencia, la hiciste una institución y la legitimaste todos los días con un beso.
En ese Estado soberano soltaste todos tus recuerdos: el del niño con miedo viviendo en una casa sin luz y sin gas; el del niño cansado, que ir y volver de la escuela le tomaba más tiempo que al resto y por eso muchas veces no iba y se quedaba por ahí robándole cigarrillos a las tías. El del niño enojado con un padre que se fue y volvió y se volvió a ir y volvió a volver, el niño que sueña (¿o era verdad? ¿o una vez lo hiciste en serio?) que se ata con una soguita al brazo del padre para que no se vaya más. El del adolescente atormentado porque la hermana se besa con policías en la esquina del barrio, el del adolescente cansado, triste. El del joven que se va de la casa, que se va de un pueblo a vivir a una ciudad grande para no ser nadie, para que no le conozcan la cara ni los miedos, para que nadie le venga a robar las alegrías.

¿Cómo puede ser que así sin más, me asalte en el escritorio esa sensación en el pecho? Me puedo ver durmiendo en la cama al lado tuyo, pidiéndote que llegués un rato tarde al trabajo.
A veces me gustaría saber qué habrás guardado de todo eso, o si finalmente mi tiranía, mi corazón corrompido de poder destruyó todo, endeudó todo, vendió todo por pocas monedas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario